jueves, 27 de octubre de 2011

La alquimista evidente

Su autorretrato gritando,
este es el comienzo individual:
conexión poética, la raíz:
la transcripción-codificación del 13 modificado:
El mundo desestabilizado, contraconjunto:
fragmentos usados de la realidad de elementos acumulados:

En la oscuridad permanente hemos hablado de disfraces.
Todo tiene algún sentido,
todo lo lanzamos al azar.
¿Qué es una capa? Es una ceremonia. Las cosas
son diferentes, puede ser una corona, una danza
que la hace ser. Otros sentidos:
rupturas, fuego desnudado
revestido con plumas que rechaza de plano.

Avanzada la guerra,
muchos se marcharon donde ellos estaban.
Otros se sumaron a las filas de ruptura.
Ciertos elementos, que habían conocido la que se mezcla
en el mundo de la máquina evidente, están disconformes.

viernes, 27 de mayo de 2011

Premac

Estaba despierto, tenía los ojos cerrados, pero estaba despierto. Noche de insomnio, duermevela, alucinación: llámalo como quieras, pero te digo que no fue un sueño. Una loca y yo hablábamos de los misterios del mundo y de las verdades del universo. Ambos estábamos de acuerdo en que el universo era una masa. Pero nada más.

La loca vestía de verde, un verde intenso en su camisón holgado de lana gruesa y burda. Los pantalones eran bombachos de un color indefinible, quizás fuera rojo, quizás fuera blanco, o quizás fuera de todos los colores. Iba descalza y llevaba el pelo recogido en una coleta que le salía desde arriba de la cabeza y le hacía parecer una loca. Ironías de la vida, decía ella.

Todo fluye, aunque lentamente. El universo es una masa que fluye lentamente. ¿Cuál es el destino de esa masa? La loca dice que esa masa será para hacer pasta fresca. Yo digo que con ella, se haga lo que se haga, los seres humanos siempre seremos raviollis, e insisto: el mayor misterio no es el destino de la masa universal sino: ¿seremos raviollis rellenos de carne o de queso?

La loca me miró entonces, bizqueó un par de veces y dijo: Estás loco. Yo me quedo estupefacto. Mira quién me lo dice, le contesto. Ella se da de bruces y se larga. Creo que se ha ofendido. Yo abro los ojos, necesito ir al baño.

lunes, 23 de mayo de 2011

Retorcidos

Tu cuerpo me hiere.
¿Sabes tocar mi boca al compás de la sangre?
Como buscan entrañas las espadas olvidadas,
¿qué busca en mí tu mirada?
Reinas sobre mí, algo hermoso tristemente incorrecto.
Te equivocas, no me he cansado de tentar tus cumbres,
besaré la noche.
Un amor tan fuerte debe ser una sombra, puede que sea
imposible, inmóvil.
Me sentiré orgulloso, mi corazón en calma.
Tu carne es bella y te tengo envidia.
Envidio el atrevimiento de tus dedos al tocarte,
la cercanía de tu piel.
Dame tu mano, pulpo gigante, para llegar a un cuerpo ajeno al mío.

martes, 17 de mayo de 2011

Secretos del Corazón Olvidado

Cogió un cofre hecho de madera de roble solitario con remaches de hierro templado con lágrimas de pena y desamor; y en el cofre encerró su corazón bajo siete palabras secretas y olvidadas por el mundo; y sobre él puso el Sello del Norte, enfriándolo para siempre; y lo enterró bajo la Montaña, para esconderlo en La Más Terrible Oscuridad y que ningún hombre jamás lo volviera a tocar.

sábado, 14 de mayo de 2011

De conspiraciones y aprendizajes

Hoy he aprendido 3 cosas:

  1. Lo placentero que es utilizar un bol como una taza;
  2. que no sé hablar por teléfono y
  3. que las moscas dan mucho miedo cuando están reunidas en una ventana.

jueves, 12 de mayo de 2011

Mantra de liberación

Tocar un retazo de tu piel, los fragmentos
de tus dedos destruidos. Empaparme
de tu sangre en tus entrañas. Hundirme
en ti y arrancarte todo odio, todo
amor, toda luz, toda alegría. Y por fin,
restituir mi ser con los despojos de tu cadáver
abandon
ado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La gran historia gris

Deja que te cuente una historia. No es una historia alegre, ni triste. Hay momentos de tristeza y de alegría, claro, pero todo está cubierto de un velo gris.

Es una historia sin belleza, sin pulir. De hecho, es una historia bastante fea, por mucho que lleguemos a adornarla. Y mientras que para algunas personas es larga, para otras acaba de empezar.

Así que, empiezo:

Corría la mañana del viernes de carnaval de febrero del año de 1988 cuando nací...

El novato

Idea original: Cristina García
Guión: Cristina García y Matheus Passos
Sinopsis: Dos colegas de trabajo se encuentran en el metro. Uno de ellos siempre repite sus cinco reglas básicas. El otro está harto y va a resolverlo de la mejor manera que sabe.

http://www.youtube.com/watch?v=MsbZmKvWBAQ

martes, 15 de marzo de 2011

Cotton

Fue por la noche. Sí, por la noche. No sé qué pasó, lo juro. No, no. No bebí nada. Me tocaba a mí conducir, y ya tengo una multa por aparcar en doble fila, no quería otra. Además, la carretera por aquí está llena de curvas. Tomé una coca-cola primero, luego una tónica. Por eso me llaman Cotton, coca-cola y tónica. Es siempre lo que bebo cuando conduzco.

Louis bebió. Mucho. Se emborrachó completamente.

Dejé a Freddie en el bar, con Nelson y Adela. Ella me dijo que lo acercaría a casa luego; que me ocupase yo de Louis, que él todavía le debía los cuarenta y dos dólares de la limpieza de la tapicería.

Louis vive, vivía, al otro lado del río. Veníamos por aquí porque es un atajo. Los fines de semana suelen cortar el camino de la carretera para hacer controles de camiones. Es una tontería ir por allí, por eso cogimos el atajo. Y de pronto... eso. No sé qué pasó. Lo juro. Estaba ahí y, de repente, ya no estaba. Fue... rarísimo.

Louis dijo que quería vomitar. Iba muy mal. Paré el coche y él se bajó. En lugar de quedarse en el arcén, salió del camino, hacia dentro del bosque. Dijo que quería mear y que no le iba a enseñar su polla a un marica. Lo escuché vomitar; pero luego, no volvió. Lo llamé y no apareció. Fui a buscarlo y cuando me acerqué a un árbol, lo vi parado, mirando embobado al cielo.

Lo volví a llamar, me acerqué, le toqué el hombro y... Entonces cayó. Cayó de cara, por decirlo de algún modo, cayó de cara al suelo.

Dije que era un puto borracho y, mientras forcejeaba para hacerle darse la vuelta, que si no se levantaba le iba a hostiar hasta que tuviera la cara en carne viva. Y cuando conseguí girarlo... no la tenía.

No tenía cara. Era todo una masa de sangre. Sangre y hojas y tierra.

Me tocó a mí vomitar. Salí corriendo, la mierda me pesaba en los pantalones. Cogí por la carretera, en dirección a la autovía. Entonces choqué con el coche de Adela. Casi me mata. Frenó a tiempo. Adela tiene unas reflejos acojonantes. Empezó a gritarme; pero, cuando vio mi estado, se asustó. Fue ella quien os avisó. Siempre conserva la sangre fría. No... no lo entiendo. No sé qué pasó. No, no lo sé... Pobre Louis. Le quería muchísimo y... ¿qué le voy a decir ahora a su hermana?

domingo, 6 de marzo de 2011

De la decencia y la moral.

Copérnico, su nuevo amigo me parece un poco extraño, por no decir desagradable. No quiero ser cotilla, ni un correveidile, pero no me parece decente que suba a la primera planta de una casa cuando es la primera vez que la visita.
No veo ningún problema en el primer recibidor o, si le cae realmente bien, en el segundo. Si su visita se alargara un poco más de lo debido a la moral y a la buena costumbre, hecho que ya hablaría de su personalidad, se le puede hacer pasar al merendero para un rápido piscolabis y que se vaya con viento fresco.
Pero nunca ha de subir a la primera planta, cuanto más solo. Es un atrevimiento, y sabe Dios lo poco que me gusta el atrevimiento. Copérnico, será mejor que se despida de su amigo y no lo vuelva a ver. No es una buena influencia. Es un idencente y un inmoral. Además de un gorrón; mira que quedarse a cenar la primera vez que le visita...

martes, 15 de febrero de 2011

44 Bestias asesinadas: II

No todas las acciones que llevamos a cabo para lograr un determinado fin orientan sus consecuencias en la dirección que intentábamos darle; es más, muchas veces el sentido que toman es diametralmente opuesto a aquel que, en un principio, le imprimíamos.
Así, la solución que había encontrado para apartar determinado asunto de mi mente consiguió únicamente provocarme un estado de expectación constante: primero llevándome a revisar continuamente el buzón, para enseguida derivar en una vigilancia ininterrumpida de la entrada de la casa, ejercida desde la ventana de mi habitación.
Permanecía largas horas sentado en la cama, apoyado en la pared, observando la calle desierta, envuelto en una manta azul oscuro y medio oculto por el cortinaje. Cuando alguien pasaba cerca de la casa, me retiraba un poco de la ventana. Creo que fue entonces cuando empezaron los rumores sobre el fantasma en el número tres de la calle R...

sábado, 12 de febrero de 2011

Estás tonto. Has vuelto a los quince años.

Fue en Louisiana. Allí fue. Perdona, pero los duendes mágicos eran tuyos. Yo sólo veía gorras. Y pantalones militares con cinturón negro. Y camisetas misteriosamente blancas metidas en los pantalones militares. Y botas negras. Enormes botas negras.
No me digas que no me centre en el ayer, ni me digas que lo mire con perspectiva. No puedo contemplarlo todo, pero lo sé. Lo sé tan bien como sabía que no debíamos entrar en aquel pantano del Louisiana. Mi presente y mi futuro están colmados de gorras. El pasado, sin gorra, no existe.

jueves, 10 de febrero de 2011

Inocencia

A todo eso quiero añadir que me dan miedo los hombres que aparentan tener 35 años aproximadamente, que llevan gafas de sol y bufanda blanca, que visten con una camisa de cuadros y chaqueta de cuero marrón claro y que conducen una vieja furgoneta blanca, en cuyo interior sólo hay una vieja manta amarillenta y un destartalado osito de peluche marrón. Me dan más miedo aún cuando dos chicos pasan por la furgoneta y los ven extendiendo la manta sobre el suelo de la furgoneta y el osito está sobre la manta, bocabajo, abandonado.
Calla. Sigue adelante, camina rápido. No mires atrás. Ellos nos están observando. Ríete un poco, somos jóvenes y no prestamos atención a nuestro alrededor. Háblame sobre las fotos, aunque le cueste la inocencia a otro, no mires atrás, ríete un poco y sigue adelante.

44 Bestias asesinadas: I

Un beso, sólo quería un beso. No te culpo. Todo parece un sueño, una pesadilla y no, no te culpo. Necesito beber y voy al sótano, a la despensa, quiero cerveza, aunque esté caliente, necesito cerveza. Pretendo emborracharme a base de cerveza sin alcohol. El sabor amargo es suficiente para despertarme un poco, despejarme un poco, quitarme de encima un poco de tristeza.
No te culpo, no es culpa tuya. Termino de un trago la cerveza caliente que queda en la botella y voy al lavabo. Te entiendo perfectamente. Me miro en el espejo y te comprendo perfectamente. Si yo fuera otro hombre, tampoco sería capaz de quererme.
Mi reflejo me devuelve la mirada, me observa. Veo que se esfuerza por contenerse, por no echarse a reír delante de mí; que abre la boca desmesuradamente y se queda mudo.
Es de mi garganta de donde brota un sonido estremecedor. Sale a borbotones y atropelladamente, expandiéndose nada más salir de mi boca, llevando partículas de saliva y casi todo el aire de mis pulmones y cuando estoy a punto de desmayarme me doy cuenta: todo es una pesadilla, ningún hombre será capaz de quererme, nada podrá quitarme de encima esa tristeza y sí, sí que es culpa tuya.

martes, 8 de febrero de 2011

El nacimiento de un héroe

Al despertarse aquél martes, lo primero que pensó fue: dentro de cuatro días, me quedarán diecisiete años de vida.

lunes, 7 de febrero de 2011

Lomografías.

Las imágenes me hablan y dicen: necesito que me hagas esto. Y tengo que obedecerlas. Necesito obedecerlas.
Las imágenes me hablan, como los personajes que escribía. Es lo mismo. Si no lo entendías antes, no te esfuerces ahora.

Las fotos me hablan y dicen lo que quieren que yo les haga. Es una caricia lejana, una tentación sutil. Ellas respiran, suspiran y se retuercen. Y ella susurraba: lomografíame. Lomografíame entera.

domingo, 6 de febrero de 2011

Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Eso decía mientras no dejaba de moverse. Movía las piernas y los brazos como si no tuviera huesos, y parecía desplazarse a trompicones o a saltos, aunque quizá sea más acertado decir a parpadeos, hacia delante y hacia atrás, pero acercándose cada vez más. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Una forma oscura, vagamente humana. Dos brazos, dos piernas. Una cabeza. Una forma oscura, como hecha de sombras y un rostro que se insinúa amenazante. Lo único que reluce débilmente en aquella maraña de oscuridad son los ojos. Ojos enormes, inyectados en sangre. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. En la perfieria de mi visión. Casi dentro, casi fuera. Si me quedo inmóvil, se acerca. No quiero que lo haga. Quiero que lo haga. Necesito saber qué es. No quiero que lo haga. Me da igual lo que sea, pero que no se acerque. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. No quiero que lo haga. Tengo que girar la cabeza. Girar sobre mí mismo. Siempre. Si me quedo quieto, se acerca. Tengo que girar sobre mí mismo. Si me quedo quieto algunos instantes parpadea hacia mí, con sus brazos y sus piernas como trozos de sombra sin huesos; con sus ojos enormes, sus enormes ojos rojos. Entonces giro mi rostro y Gazoom desaparece para volver atrás. Otra vez, en el límite de mi visión. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom. Me llamo Gazoom.
Pronto, muy pronto, todos nos llamaremos Gazoom.

Imperdibles

Ojalá en la vida fuera todo tan sencillo. Pero, en la historia de una gorra, un mini y dos vasos de gin-tonic, no hay espacio para esperanza alguna. Quizás me digas que soy un exagerado, que no tengo solución. Es cierto.
Mea culpa, mea culpa, mea culpa.
Lo reconozco; así soy yo. Un pesimista nato. Un catastrofista. Ni siquiera hemos hablado y ya me conoces tan bien. Ojalá fueras una alza de mochila sin coser; o unos bajos demasiado largos. Entonces te miraríamos todos con el esbozo de una sonrisa asomándose a nuestros labios y ella me cogería del hombro y mirándote diría:
-Tu solución: imperdibles.