martes, 15 de marzo de 2011

Cotton

Fue por la noche. Sí, por la noche. No sé qué pasó, lo juro. No, no. No bebí nada. Me tocaba a mí conducir, y ya tengo una multa por aparcar en doble fila, no quería otra. Además, la carretera por aquí está llena de curvas. Tomé una coca-cola primero, luego una tónica. Por eso me llaman Cotton, coca-cola y tónica. Es siempre lo que bebo cuando conduzco.

Louis bebió. Mucho. Se emborrachó completamente.

Dejé a Freddie en el bar, con Nelson y Adela. Ella me dijo que lo acercaría a casa luego; que me ocupase yo de Louis, que él todavía le debía los cuarenta y dos dólares de la limpieza de la tapicería.

Louis vive, vivía, al otro lado del río. Veníamos por aquí porque es un atajo. Los fines de semana suelen cortar el camino de la carretera para hacer controles de camiones. Es una tontería ir por allí, por eso cogimos el atajo. Y de pronto... eso. No sé qué pasó. Lo juro. Estaba ahí y, de repente, ya no estaba. Fue... rarísimo.

Louis dijo que quería vomitar. Iba muy mal. Paré el coche y él se bajó. En lugar de quedarse en el arcén, salió del camino, hacia dentro del bosque. Dijo que quería mear y que no le iba a enseñar su polla a un marica. Lo escuché vomitar; pero luego, no volvió. Lo llamé y no apareció. Fui a buscarlo y cuando me acerqué a un árbol, lo vi parado, mirando embobado al cielo.

Lo volví a llamar, me acerqué, le toqué el hombro y... Entonces cayó. Cayó de cara, por decirlo de algún modo, cayó de cara al suelo.

Dije que era un puto borracho y, mientras forcejeaba para hacerle darse la vuelta, que si no se levantaba le iba a hostiar hasta que tuviera la cara en carne viva. Y cuando conseguí girarlo... no la tenía.

No tenía cara. Era todo una masa de sangre. Sangre y hojas y tierra.

Me tocó a mí vomitar. Salí corriendo, la mierda me pesaba en los pantalones. Cogí por la carretera, en dirección a la autovía. Entonces choqué con el coche de Adela. Casi me mata. Frenó a tiempo. Adela tiene unas reflejos acojonantes. Empezó a gritarme; pero, cuando vio mi estado, se asustó. Fue ella quien os avisó. Siempre conserva la sangre fría. No... no lo entiendo. No sé qué pasó. No, no lo sé... Pobre Louis. Le quería muchísimo y... ¿qué le voy a decir ahora a su hermana?

domingo, 6 de marzo de 2011

De la decencia y la moral.

Copérnico, su nuevo amigo me parece un poco extraño, por no decir desagradable. No quiero ser cotilla, ni un correveidile, pero no me parece decente que suba a la primera planta de una casa cuando es la primera vez que la visita.
No veo ningún problema en el primer recibidor o, si le cae realmente bien, en el segundo. Si su visita se alargara un poco más de lo debido a la moral y a la buena costumbre, hecho que ya hablaría de su personalidad, se le puede hacer pasar al merendero para un rápido piscolabis y que se vaya con viento fresco.
Pero nunca ha de subir a la primera planta, cuanto más solo. Es un atrevimiento, y sabe Dios lo poco que me gusta el atrevimiento. Copérnico, será mejor que se despida de su amigo y no lo vuelva a ver. No es una buena influencia. Es un idencente y un inmoral. Además de un gorrón; mira que quedarse a cenar la primera vez que le visita...