viernes, 24 de mayo de 2013

Coma

Escuchó el sonido de pasos en la escalerilla de madera bajo la ventana de su habitación. Estaba abierta y sintió el conocido olor a aguas salvajes de bosque anunciando su llegada.
Había un claro que se abría a un cielo de ocaso: cielo carmesí y dorado, con nubes teñidas en sangre. Todo era vivo y ella corrió. Corrió descalza, sus piececillos manchados de hierba resonando en la madera. Todo era vivo y el viento resabalaba por sus cabellos y creyó que volaba y salió de la habitación. Los brazos abiertos, era un gorrión. Y volaba entre las ramas del bosque.
No había puerta, ni escalerilla, ni entrada. Sólo estaba el viento y el viento se rió de ella y se fue.
Entonces ella estuvo sola. El bosqu se hizo oscuro y la noche engulló al ocaso y la luna. Las nubes llovieron sangre caliente.
Cayó la sangre, y el gorrión dormido. Y sigue durmiendo soñando una niña que se cree gorrión dormido, con pies manchados de hierba fresca y cabellos salvajes de olor a viento.
Cayó el gorrión, y la sangre dormida. Soñaba con el viento que traía olores conocidos y con las lluvias de su infancia.
Y sigue durmiendo el gorrión-niña.

(Encontré este viejo texto en un pendrive que hacía siglos que no cogía. He modificado algunas cosillas pero está, basicamente, igual a como lo escribí allá por segundo de bachiller. He dicho viejo, no?)