lunes, 9 de febrero de 2015

Cuatro retratos de Isabela y un epílogo

I

Isabela mira hacia el cielo nocturno y ve una estrella apagarse. Se da cuenta de lo estúpida que es al enamorarse de sombras y esperar respuestas en la brisa.
(Isabela está triste)

II

Todo el murmullo de las olas se calla en un estallido de silencio, que pronto muere ahogado por el flujo de sangre que acude a ruborizarla.
(Isabela está enfadada)

III

El viento se levanta y un huracán ruge en la distancia. Las nubes ocultan las estrellas mientras cabalgan hacia el horizonte. Ella se da la vuelta y de espaldas al mar observa la ciudad brotar de las entrañas de la tierra.
(Isabela sonríe)

IV

Asfalto, acero, granito; cristales altísimos, mucho ruido y más silencios. El cielo encapotado no descubre ninguna estrella, pero revela muchas miserias.
(Isabela desaparece)

{...}

La noche engulle la ciudad. El cielo se desata. Ninguna estrella vuelve a brillar.

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